Fraude Alimentario

¿Qué Tipos de fraude alimentario nos podemos encontrar?

Tipos de fraude alimentario

Hemos empezado este blog hablando mucho sobre el fraude alimentario. Es un tema que está ahora muy candente y está siendo muy demandado por mis lectores.

Quedaría cojo el tema si no hablamos de los tipos de fraude que podemos encontrarnos en el sector. Algunos de ellos son rápidamente detectables por el consumidor, pero vamos a ver que algunos otros pueden pasar muy desapercibidos y otros no tanto.

Ya sabemos que qualquier acto de fraude ocasiona un beneficio económico para el defraudador. Ese es su principal motivo. Por ello, la tentación es tan golosa.  Podemos decir que en la mayoría de las ocasiones este tipo de “delitos” no causaría un daño a la salud del consumidor. Pero el engaño debe ser tratado con mayúsculas. Y alguna vez, los daños colaterales si afectan a la salud.

Tipos de fraude alimentario:

Podemos distinguir distintos tipos de fraude según los diferentes criterios siguientes:

  • Contra la cantidad
  • Contra la calidad (sensorial, nutritiva, tecnológica)
  • Contra la pureza (contaminación, residuos, productos de alteración)
  • Contra el estado de conservación
  • Contra la identidad (sustitución de una especie por otra).

 

Fraude contra la cantidad

Nos lo encontramos en productos que contienen una cantidad (peso o volumen) inferior al anunciado o declarado en su etiqueta.  Bien por incluir menor cantidad neta o en porcentaje sobre el total o concentración. Hay que tener en cuenta que también la forma de mención de las cantidades. Alguna vez te habrás encontrado la noticia de que una bolsa de verdura X pesa menos de lo indicado en la etiqueta. Pues es lógico, va perdiendo humedad y por tanto se va reduciendo el peso. Esto no lo vamos a llamar fraude.

Las normas como  BRC e IFS luchan contra este fraude en sus requisitos de “Control de Peso” y “Control de Receta”.

Fraude contra la calidad

El consumidor busca un producto con una calidad determinada, para satisfacer sus necesidades y expectativas a nivel sensorial, nutricional y sanitario. En el momento que variamos alguno de estos niveles de forma voluntaria, se estaría tratando de un fraude.

En el mercado se encuentran alteraciones sensoriales tales como cambios en la textura (desecación, endurecimiento, exudación, ablandamiento…) también cambios en el color debidos a oscurecimientos, pardeamientos, decoloraciones… así como sabores poco convencionales como el rancio.

Has escuchado alguna vez: “ Que no te vendan gato por liebre”, pues aquí lo aplicamos exactamente.

Aquí podemos poner un ejemplo muy claro: Aceite de Oliva Virgen Extra. Debe cumplir una serie de características organolépticas y físico químicas, pero nos encontramos que en pueden ser “aceites de laboratorio”. No es oro todo lo que reluce.

Como consumidor, debemos nuevamente estar pendientes de toda la información de la etiqueta, evitar productos altamente procesados, con una lista de ingredientes interminable.

Fraude contra la pureza

Este fraude es más difícil de controlar y detectar a nivel de consumidor. Se trata de incluir sustancias a los alimentos que de por sí no deberían estar incluidas. Cómo pueden ser restos de pesticidas, plaguicidas, medicamentos veterinarios….

Por ejemplo, se recolecta un melocotón antes de tiempo por un beneficio económico a sabiendas que aún puede tener restos de pesticidas y se fuerza a su maduración post cosecha.

Fraude contra el estado del alimento

Este fraude es de mayor riesgo, ya que podemos estar afectando la inocuidad alimentaria y seguridad del consumidor. Sobre este tipo de fraude acaba de salir al candelero una noticia  que desgraciadamente como esta puede y hay muchas más.

Fraude contra la identidad del alimento

Este fraude lamentablemente es común y podemos encontrarlo cuando hay engaños en cuanto a marcas, el origen del producto, suplantaciones…

Todos recordaremos cuando salió la noticia sobre las hamburguesas que contenían carne de caballo y no estaba indicado así en la etiqueta. Tan sólo indicaba carne de vacuno.

Podemos seguir poniendo ejemplos sobre este fraude, que suele ser el que mejor “recompensa” económica tiene en el mercado. Fraude en el origen del alimento: engaño en la especie de un pescado, engaño en el origen de una fruta, en especias, café, miel, leche…. Y no acabaríamos nunca.

Este es un tipo de fraude que la norma BRC tuvo muy presente y en su versión 7 añadió todo un apartado para evitarlo. La norma IFS anda por mi misma tendencia en sus requisitos.

 

Pero el fraude más palpable y que se lleva el “premio” es el fraude publicitario.

 

¿Y qué pasa con el fraude publicitario?

El marketing está haciendo mucho daño al mercado alimentario. Cuanto más original y llamativo más venderás, cuanto más propiedades beneficiosas, saludables y maravillosas, mejor. Pero no perdemos el norte del mensaje original. Es una estafa que sufrimos en todos los campos, no sólo el alimentario.

La publicidad nos quiere nos vende productos que en la mayoría de las ocasiones difiere sustancialmente del producto real, tanto en apariencia, en calidad, en tamaño, en beneficios, en virtudes, en funcionalidades…

Cuantas veces te has comprado un alimento por el envoltorio, por esa foto tan apetecible y deliciosa y cuando lo has abierto te ha desilusionado??!!

Tenemos que ser muy cautos y menos incrédulos con lo que nos quieren “meter por los ojos” Está en nuestra mano, como partícipes de la cadena alimentaria o como propios consumidores luchar contra el fraude alimentario, sea cual sea el tipo.

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